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martes, 12 de febrero de 2008

Traición a la patria

Traición a la patria
Teodoro Petkoff - Portada TalCual

Alí Rodríguez, embajador en Cuba, vuelve con el cansón y ya inocuo ritornello de la "traición a la patria". En épocas más serias de la historia patria una acusación de ese calado podía tener consecuencias penales graves. No es poca cosa traicionar la patria.

Ya no. La retórica oficialista ha banalizado el tema hasta el punto de quitarle toda mordiente. Sin embargo, algunos, como Alí, todavía engolan la voz para lanzar el terrible anatema. Para Alí todo lo que está pasando con Exxon tendría su origen en los contratos firmados durante el gobierno de Caldera con las transnacionales que habrían de participar en la explotación de la Faja del Orinoco. Estos contratos establecen que las controversias que pudieren surgir entre las empresas y Pdvsa, y no fueren resueltas en negociaciones directas entre las partes, serían llevadas a la Comisión Internacional de Arbitraje. Que Exxon haya llevado el caso a arbitraje sería culpa, pues, del gobierno de Caldera, el cual habría incurrido en "traición a la patria". Esta aseveración, con el debido respeto a mi viejo amigo y compañero, es tan necia y tan absurda como, por ejemplo, la que sostiene que Chávez es Presidente de Venezuela porque Caldera sobreseyó su causa en 1994.

Pero vamos por partes.

Si el oficialismo piensa como Alí Rodríguez, podemos, entonces, preguntar por qué en nueve años el gobierno rrrrrevolucionario no ha hecho nada para denunciar y modificar esa cláusula de los contratos. Alí mismo fue ministro de Energía y Petróleo, luego representante de Venezuela ante la OPEP e incluso desempeñó la Secretaría General del cártel y después asumió la presidencia de Pdvsa. Si desde esas posiciones, las más importantes en la institucionalidad petrolera del país, Alí no hizo nada para cambiar la cláusula y, peor aún, jamás dijo nada públicamente sobre la situación que ahora denuncia, es forzoso concluir que es cómplice en el presunto delito de traición a la patria del cual acusa al gobierno de Caldera. Quien teniendo conocimiento de un delito, no hace nada para precaverlo es tan responsable como quien lo comete. De modo que, utilizando la misma lógica de Alí Rodríguez, este debe ser calificado de "traidor a la patria" y el Tribunal Disciplinario del PSUV debe proceder a juzgarlo, sin necesidad de acusación formal contra el presunto traidor sino por mera notitia criminis.

Más aún, el ministro y presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, estaría incurso en el mismo delito de "traición a la patria" porque ha dicho, urbi et orbi, que Pdvsa comparecerá ante la Comisión Internacional de Arbitraje, asistida, nada menos, que por uno de los bufetes más arrechos del imperio, lo cual implicaría una doble traición por el desprecio que significa hacia nuestros juristas endógenos.

Dejen Alí y su jefe de hablar tantas bolserías y de lanzar tantas bravuconadas, que sólo dañan la causa de la Nación, y asuman la conducta seria y responsable que exige un pleito de esta envergadura.

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lunes, 21 de enero de 2008

Cortina de humo

Por Teodoro Petkoff - TalCual

¿Cómo explicar el comportamiento de Chávez en relación con Colombia? ¿Tiene alguna lógica esta conducta aparentemente irracional? Si. Tiene la lógica ilógica de quien aspira a desviar la atención de los problemas internos del país, que siente cada día más indomesticables, mediante la creación de una crisis internacional que provoque la "unión sagrada" en torno suyo, frente a un supuesto enemigo externo.

Habida cuenta de que el presidente sabe perfectamente que toda su cháchara sobre una invasión proveniente del " imperio" no la toma en serio nadie -ni siquiera él mismo-, calcula, sin embargo, que una tensión de alto voltaje con el país vecino podría devolverle parte de una popularidad que se está derritiendo como hielo bajo el sol.

Después de la liberación de Clara Rojas y Consuelo González no había razones para las posteriores declaraciones de Chávez. Al contrario, los puntos que había ganado internacionalmente con el "desagravio" de las Farc hacia él, le habrían permitido mantener su rol de mediador, sino oficialmente al menos oficiosamente. Pero, eso habría significado un mejoramiento casi instantáneo de las relaciones entre ambos gobiernos, lastimadas por los impertinentes ataques de nuestro presidente hacia el colombiano. Mas, no es eso lo que lo que quería Chávez. Quiere una crisis que opere como la cortina de humo que cree necesario tender sobre los asuntos internos.

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miércoles, 16 de enero de 2008

La Gran FARCSA

Por Teodoro Petkoff - Portada Tal Cual

La que pudiéramos denominar "Doctrina Chacumbele", sobre el conflicto colombiano, o es ingenua o es ignorante o es de mala fe o es las tres cosas a la vez.

El meollo de la tesis del Gran Estratega es que si a las FARC se les reconoce el status de "fuerza beligerante" "entrarían de inmediato en el Protocolo de Ginebra (convención que establece ciertas reglas de juego en la guerra, para "humanizarla") y no podrían usar el secuestro" (Chacumbele dixit). Pamplinas. Los angelitos serenados que dirigen a las FARC no necesitan de la cobertura del Protocolo de Ginebra para dejar de secuestrar civiles.

Saben lo que hacen. Saben perfectamente bien que el secuestro de civiles inocentes, ajenos a la acción armada, es una práctica monstruosa, abominable, que niega, por sí misma, cualquier propósito noble que pudiera motivar a quienes empuñan las armas con un propósito político y que niegan las reglas de la guerra.

Secuestran a plena conciencia de lo que hacen porque ese es un mecanismo de financiamiento y no porque no conozcan las "leyes de la guerra" surgidas de la Convención de Ginebra. Se equivoca nuestro Clausewitz tropical, cuando señala que los secuestros (que dice rechazar) son "parte de una política, distintos a los que lleva a cabo el hampa común, porque serían secuestros políticos, no para matarlos o torturarlos sino para el canje humanitario". (Chacumbele redixit) ¡Por Dios, cómo se puede mentir de esta manera! Hace poco las FARC asesinaron a 11 parlamentarios que tenían en su poder. Pero lo central es que el 99% de los secuestrados por las FARC son ciudadanos no políticos, plagiados para exigir (y obtener) rescate monetario.
Pero, incluso, si los pocos políticos secuestrados lo hubieren sido para adelantar un canje humanitario, tampoco es posible justificarlo. Los guerrilleros presos son combatientes uniformados, capturados en combate. Las señoras recién liberadas son civiles ajenas al conflicto.

Utilizarlas como objeto de intercambio no hace sino acentuar la monstruosidad del proceder faraco. La lucha que se dice revolucionaria es, en definitiva, una lucha por el alma de una colectividad. Aún con las armas en la mano, una organización revolucionaria necesita ganar adeptos y no perderlos. Los medios que utiliza no pueden negar los fines que dice perseguir. Emplear procedimientos monstruosos, como el secuestro y el narcotráfico, amén de las masacres de campesinos, aliena simpatías. No por casualidad, toda Colombia, desde los ricos hasta los pobres, rechaza a las FARC, según lo muestran las más diversas encuestas.

Desde que las FARC se dedicaron al narcotráfico y a los secuestros perdieron toda respetabilidad y toda credibilidad.

Si el secuestro forma parte de la panoplia farcinerosa es porque se trata de una decisión plenamente consciente de sus jefes y es una tontería pensar que el Protocolo de Ginebra les impediría continuar con ella. Para que cesen los secuestros lo único que necesitan las FARC es recuperar el sentido político. Si lo hicieran entonces podría abrirse una veredita hacia la paz en Colombia.

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